miércoles, 31 de agosto de 2011

Descuido


Cuando los vi entrar a la habitación pude vislumbrar en sus rostros la extraña sensación de haber vivido
sin límites, sin dejar que la muerte pasara a través de mi cuerpo.
Había dejado de ver la película, aquel Film me había agotado el cerebro, no entendía las imagenes en movimiento,no entendía como el Director podía ser tan malo.
Me pusieron unos cuantos hilos más atados a mis brazos, estaba atrapada, postrada en el tiempo, mis manos estaban vacías, apenas podía coger el control remoto y cambiar de canal.
Me asearon, ordenaron de nuevo la cama donde estaba hace algunos días.
La paramédico arregló mi almohada.
Yo cerré mis ojos...estaba demasiado cansada.

martes, 30 de agosto de 2011

402

La última noche que la vi, habíamos escapado de un maldito veneno.


Corrimos aún a sabiendas de que no habría vuelta atrás, un destiempo exacto podría hacernos
creer nuevamente en una situación que nos comprometía a ambas, pero por separado.


Sin despedirme, la dejé en la puerta de su departamento, pensando en el juego, pasándome rollos con la vida.
Agaché la cabeza, como si me hubiese sentido culpable, irremediablemente maltratada por antiguas salsas
de champiñones. Me sentía Ebria.


Al salir del lugar no veía más que Valparaíso, y no es que sea poca cosa, es sólo que esperaba una ciudad distinta,
una ciudad que no me invitara sospechar que todo lo que estaba apabullando con grandeza, se me vendría encima al pasar las semanas, pero por sobretodo los meses.


Recordé incesantemente la conversación que se había suscitado entre nuestros dos ejes convexos hacia proyecciones y futuros que escapaban los límites de la lógica, de los quehaceres cotidianos.
Ella casi siempre tiene la razón, por lo menos lo que respecta a mi decisiones.


Nuestra relación se ajusta a parámetros sin sentido, contradicciones irrefutables, adoptamos posturas letales frente a nuestros pasos por éstos días, transgredimos barreras narcóticas y perecederas con  un simple gesto de humildad. 


Puede que su boca no siempre piense todo lo que diga, aún así estoy prendada de ella. 
Razones no tengo, tampoco me importaría tenerlas.
Inventó leyes para mi, definiciones sin sentido, todo lo nuestro se basa en inmortalidad, a veces en alcohol, en conexiones llenas de eufonía, y sin quererlo esa noche la había amado, entre las sombras de recuerdos que solo ella y yo sabemos que existen.
La sinceridad por éstos días me conmueve, más aún la de ella.

Luego de dos horas, por lo que logro recapitular con certeza a éstas horas, llegué a mi casa cansada,
con la sensación de que todo había sido una extraña pesadilla, estaba sin aire, me tumbé bajo unas frazadas, una almohada que no era mía.
La luces de la calle entraban hasta el alma.
El sonido apagado de un aparato electrónico -que espero me roben algún día - me invitó a revivir palabras que alguna vez salieron de mi boca, inconsolables, con toques de eufemismo.

Me sentía culpable.
Ella me decía : soy un instrumento idiófono, esférico aveces, estoy compuesta de una parte hueca que entrega sonido al contacto con pequeños elementos percusivos, me sostiene un mango de madera y atrocidades...










imperfecto


El espera de una u otra forma que le ame en tiempos pasados
según elen el momento que yo debí amarle sin contradecirme, incluso utilizando la palabra "siempre"
y no le interrumpa sus ágiles horas
cuando la tarde ya se desarrolla, frágil, pasajera
cuando ya pasó la vieja
cuando ya  partió la micro
el gato de la esquina se alcanzó la pata trasera con la lenguay un río de lava corre bajo las calles azules
El espera que la ame con efecto  CASI retroactivo
desafile y desafíe mis recuerdos, mis memorias, mi ropaje
descomprima y resetee mi disco duro
desnudando poco a poco mis cuadernos, mis libros henchidos de otras letras
que una bomba de canciones quiebre todos sus espejos
y la bacteria del olvido me consuma desde dentro
 El espera que le ame por sobre cualquier dialecto
pero ignora que aprendí a vivir y a morir con cada extraño beso 
de eso que algún día dejaron de ser cotidianos: se transformaron en efímeros movimientos
y abrigaron bajo las sombras la estela de un fracaso esperado
El espera que le ame sin comienzos sin finales trágicos
que bese su diadema a millones de kilómetros de distancia 
y no roce con mi espalda el más mínimo trozo de sus telas
que no ennegrezca con mi voz el más sentido aire de la playa
que no mancille el pasto que se asoma entre los ojos con mis pasos
y no destruya poco a poco sus atardeceres de óleos al azar
con el sólo hecho de observarlos desde mi asiento retráctil
El alberga la esperanza que le ame y no quiere que nadie lo sepa, aún
el aire, las cenizas, las gotas, semáforos, rostros olvidados, líneas de cebra
porque el amor es para el una que otra letra

El Verde


-Música, meláncolico alimento para los que vivimos del amor -había citado por cuarta vez, templando la guitarra antes de proferir el tango.

¿Ahora te absorben, constantemente, unos ojos que no te pertenecen?
Siempre creí que eran cuentos míos, pero al terminar la página
y seguir - sin querer - con la otra ( pues la verdad el libro era poco interesante)
tuve la intuición - casi visión - de que te quedabas absorto en sensaciones mientras
ella cerraba y abría las cortinas, tan ingenuo que saliste.


En Blanco


Lo siento.
La última vez que intenté escribirte
terminé por destruir mi billetera.


lunes, 29 de agosto de 2011

Algo tiene

Evito olvidarte.
Incansablemente apareces con gestos de cortesía
abriendo espacios incalculables en una mente, que durante estas horas
no quiere pensar.

Debes estar leyendo ésto.
Me refiero a lo nuestro.
No, olvídalo, quiéreme : es más fácil.

Fabricaría para ti
Nubes, del color que quieras.
Podría incluso hablar con Dios
para que lloviese cuando tu quisieras plantar tus ojos
bajo el agua, abrir tus manos
sentirla a ella.

Lamento , en estos momentos, no poder golpear tu puerta.
Hace frío, quizás un abrazo afectuoso y sincero nos llene el alma
mañana, como a la hora de almuerzo.
Lamento no estar contigo ahora, quizás me necesitas, quizás
la cortina de tu habitación sigue encendida en alguna pared.
Quizás ése espasmo te tiene inmovilizado ante una posible
duda virtualsentimental.

Ante todo, comprende que te comprendo.
Si algún día decides marcharte, emprender el paso
comprar nuevos cigarros, colgar tu bufanda en otro perchero
abrir rejas oxidadas, y cerrar puertas hinchadas por los
cambios de temperaturas...

No te preocupes, entenderé.
Yo podría volver a escribirte.
Incluso amarte.


miércoles, 24 de agosto de 2011

Sólo dos cosas

1.- La gente siempre querrá más de lo que tiene.
2.- La gente insiste en cambiar todo aquello que no entiende.

La exiliada al Sur




Un ojo dejé en los lagos por un descuido casual.
Así comenzó ésta extraña noche. La verdad, a esta hora, no encuentro el sentido de dormir, las 6 am me recuerdan que es demasiado temprano para ir a la cama, irónico. Yo debería existir sin horarios ni refutaciones.

miércoles, 3 de agosto de 2011

El Radio

Caminamos sin llamar la atención, no teníamos mucho que esconder.
Poseía escondido en el bolsillo del pantalón unos dados que se había robado del local de juegos de la esquina anterior la excusa fue : tener un nuevo adorno para la ventana.
Yo llevaba unas botellas vacías, unas manos vacías, una duda intransigente.
Algo me hacia falta.

No había perros en la calle, ni prostitutas, ni autos que se las llevaran. Tampoco había luces encendidas en las habitaciones de las casas, borrachos tomando vino en caja, ni tampoco colectivos para volver a esa hora a nuestras respectivas moradas.
-Tendrás que quedarte conmigo.
Me miró extrañado, pero tenía brotando sensatamente una sonrisa en el rostro.

Concluimos avanzar, hasta la botillería más cercana estaba a unas 10 cuadras de donde nos encontrábamos, yo no quería seguir bebiendo, solo quería vender las botellas, el viejo del local nos había contado que las compraban a 400 cada una.
Gran idea.

El frío de la noche llegó a ser incalculable.
Luego de obtener lo que queríamos, compramos una cajetilla de cigarrillos y unos fósforos.
Después de la primera calada, pasó un radiopatrulla, nos realizó un control de identidad. (Recordé que había perdido mi billetera en el metro hace unos días.)
Mi compañero aquella vez, le mostró sus documentos. No tuvo problemas, no estaba ebrio y yo tampoco.

Era inservible evadir la mirada del paco, me inquieté un poco.
¿Qué diría frente a sus preguntas?
Nada, ni siquiera yo sabía quien era.