~Y ahora , lejos, entre espasmos de la realidad,
ajena a toda circunstancia,
abre los ojos,
vive,
el café se esta enfriando.~
(Es necesario agregar que la frase no es mía, pertenece a Huidobro)
domingo, 29 de mayo de 2011
lunes, 23 de mayo de 2011
Números
"Este mal es un insomnio de origen emocional, sentimental, incluso en algunos metafórico: el paciente se siente en todo momento -aunque escriba al amanecer o a media tarde o en sueños- como si estuviese echado en un asfixiante dormitorio, con la ventana abierta de par en par, mirando un cielo lleno de estrellas, planetas y aviones y escuchando el golpeteo de un postigo, el paso de una ambulancia, el zumbido de una mosca atrapada en una botella vacía mientras todo el vecindario duerme a pierna suelta [...]
Los escritores -al igual que quienes padecen insomnio- [...] se sienten obsesivamente corroidos por [...] las oportunidades perdidas, tienen predisposición a darle mil vueltas a todo, son incapaces de dejar de pensar en algo que les ronde la cabeza..."
Por eso lo escriben.
Por eso la sensibilidad y el estallido de emociones queda plasmado aquí.
Probé suerte de nuevo. Nada. Perdida la cuenta de los intentos, volvimos a caminar. Sólo hay una cosa que lleve peor que quedarme sin tabaco y es quedarme sin fuego, dije. Sonrió.
Pensé mirando el cielo: cada ciudad tiene su hora, su minuto, segundo, su hora de la verdad. Aquí faltan quince segundos. En catorce se fundirá la bombilla de un pasillo, en trece estallará una risa, en doce el esperado sms llegará a un celular, en once caerá la última hoja de un árbol, en diez se abrirá la puerta del taxi o la micro, nueve y parpadeará un farol, ocho y un refrigerador cambiará de ruido, siete y suenan unas llaves al entrar en contacto con la puerta, seis y una moto acelera, cuatro y enmudece un intermitente, tres y naufraga el hielo en un vaso con cualquier liquido (el qué usted lector quiera imaginar), dos y se acaban las pilas de una radio. Uno, cambian en todos los barrios, todos los semáforos. Enciendo el mechero, a la primera. Primera calada.
¿Cómo estás? -pregunto-
Mejor de lo que estaré en unas semanas -responde-
De por ahí .-
Los escritores -al igual que quienes padecen insomnio- [...] se sienten obsesivamente corroidos por [...] las oportunidades perdidas, tienen predisposición a darle mil vueltas a todo, son incapaces de dejar de pensar en algo que les ronde la cabeza..."
Por eso lo escriben.
Por eso la sensibilidad y el estallido de emociones queda plasmado aquí.
Probé suerte de nuevo. Nada. Perdida la cuenta de los intentos, volvimos a caminar. Sólo hay una cosa que lleve peor que quedarme sin tabaco y es quedarme sin fuego, dije. Sonrió.
Pensé mirando el cielo: cada ciudad tiene su hora, su minuto, segundo, su hora de la verdad. Aquí faltan quince segundos. En catorce se fundirá la bombilla de un pasillo, en trece estallará una risa, en doce el esperado sms llegará a un celular, en once caerá la última hoja de un árbol, en diez se abrirá la puerta del taxi o la micro, nueve y parpadeará un farol, ocho y un refrigerador cambiará de ruido, siete y suenan unas llaves al entrar en contacto con la puerta, seis y una moto acelera, cuatro y enmudece un intermitente, tres y naufraga el hielo en un vaso con cualquier liquido (el qué usted lector quiera imaginar), dos y se acaban las pilas de una radio. Uno, cambian en todos los barrios, todos los semáforos. Enciendo el mechero, a la primera. Primera calada.
¿Cómo estás? -pregunto-
Mejor de lo que estaré en unas semanas -responde-
De por ahí .-
autoyoego.mi
El peor mal: la pérdida de las llaves un viernes por la noche/La adicción de moda: Facebook
La adicción eterna: Caminar /La adicción peligrosa: nicotina
La adicción letal: no estudiar/La adicción social: las conversaciones ajenas/Lo que nunca aprendí: a tener una sola letra. /Mi mejor talento: La palabra /Mi peor talento: cuidar las cosas/Lo que no quiero reconocer: El tren a Limache/Números frecuentes: ¿números?/Lo que más tengo: Libros /Lo que menos tengo: zapatos /Mi particularidad: Escuchar música por horas sin hacer nada más/El lema: El tiempo no existe
La adicción eterna: Caminar /La adicción peligrosa: nicotina
La adicción letal: no estudiar/La adicción social: las conversaciones ajenas/Lo que nunca aprendí: a tener una sola letra. /Mi mejor talento: La palabra /Mi peor talento: cuidar las cosas/Lo que no quiero reconocer: El tren a Limache/Números frecuentes: ¿números?/Lo que más tengo: Libros /Lo que menos tengo: zapatos /Mi particularidad: Escuchar música por horas sin hacer nada más/El lema: El tiempo no existe
¿Comprendes?
Cuanto más intento comprenderme, menos me comprendo; y cuanto más me comprendo, más comprendo que debería no intentar comprenderme porque vivo mejor en la ignorancia...
Ciudades
Las grandes ciudades deberían borrarse de los mapas de la mente. Y tanto da que se llamen Barcelona o Nueva York, Madrid, Tokyo, e incluso Santiago, aunque esta última no tenga tanto liderazgo ni comparaciòn con las otras. ¿Qué se puede esperar de ellas?
Las grandes ciudades son bestias dormidas cuando las ves a distancia, pero al mismo tiempo es como si estuvieran haciendo digestión. Su inmóvilidad en la peor mentira. Ahí, debajo de ellas, se mueven millones de personas riendo, cantando, llorando y también muriendo de angustia miedo y represión.
Todo está ahí, pero tu no lo ves. Cuando estás en la ciudad eres una minúscula parte de ella.
Cuando estás lejos eres solo testigo de unos cuantos milagros, entonces viene el cuento de filosofar sobre tonteras adecuadas al caso.
Supongo que en el fondo, igual me gustan por eso.
Dentro de ella nadie espera nada de mí, salvo lo que quiero hacer yo con mi vida.
Si no me conocen, me pueden gritar si saber si oígo o no, aunque la mayoría de la gente grita igual, y no les importa.
Nadie va a prestarme atención, solo si le robo su espacio vital, o si se siente amenazado.
Las grandes ciudades están llenas de nadie. Así que pese a todo, son fantásticas.
Sí, las contempla y te acojonas. Te pones a pensar y es como imaginar la muerte y la eternidad sin ti.
Osea, Demasiado.
domingo, 22 de mayo de 2011
...201...
Anoche la marca de las estrellas quedaròn como huellas en mi sofá. Mis pies fríos lanzarón destellos de hielo por sobre el piso flotante.
Los libros intentaban no quejarse en donde estaban, nadie quería leerlos ni siquiera tocarlos, aún así gritaban descosoladamente a algún ojo atrevido que se animara a adorarlo.
Cuentos latinoamericanos, 16
Página 201. Costa Rica.
Agarré mi bolso traído de nuestros orígenes, Osorno, quizás Puerto Montt, regalo de la mujer quien hoy por la mañana tomó las gazas de bondad y condujo hasta la salvación de las heridas de quizás que bicho extraño andante por mi cabeza y mi cuerpo.
Puede ser que el Sol hoy me ilumine en el viaje por Erràzuriz.
Quizás la Música alivie la angustia. Y el Rock me haga vibrar.
Tengo la sensación de estar entre un parénteis , como si la línea pepertua del tiempo corriera, corriera, corriera y no me dejara caminar tranquila entre sus deseos y misterios.
Dejo plasmado aquí, que , no es que yo no quiera moverme, es que el tiempo no me deja.
Tampoco lo puedo atrapar. I-M-P-O-S-I-B-L-E.
Creados
Bajé cinco escalones y la encontré ahí.
Abrió sus manos, y el agua cayó humedeciendo el pelo y su cara.
Lástima que no era lluvia.
1
2
3
Mientras el reloj avanza, el mundo enmudece cada ves más, ingenuamente destruye los hechos, junto con ese afán tan único que tiene, de cambiar todo aquello que no comprende.
Mientras otros crean, y sacan de sí la idea de que hemos sido <creados>.
Los sueños muchas veces corroen el anhelo por querer ser feliz, pero que más da.
Es mejor escuchar al cielo, leer un libro, mirar la Luna, oír el humo del cigarro, volar entre las pantallas.
Debes en cuando hablar con alguien, quizás con uno mismo, entre esa soledad tan distante, querida, despreciada y amada que nos inunda a estas horas, y en ésta época.
El invierno fluye entre las calles, llegando hasta ese musculo a lo que llamamos corazón, q inevitablemente pareciera enfriarse.
Falta calor, quizá comprensión, una palabra o más bien un hecho que nos hable de verdad.
Abrió sus manos, y el agua cayó humedeciendo el pelo y su cara.
Lástima que no era lluvia.
1
2
3
Mientras el reloj avanza, el mundo enmudece cada ves más, ingenuamente destruye los hechos, junto con ese afán tan único que tiene, de cambiar todo aquello que no comprende.
Mientras otros crean, y sacan de sí la idea de que hemos sido <creados>.
Los sueños muchas veces corroen el anhelo por querer ser feliz, pero que más da.
Es mejor escuchar al cielo, leer un libro, mirar la Luna, oír el humo del cigarro, volar entre las pantallas.
Debes en cuando hablar con alguien, quizás con uno mismo, entre esa soledad tan distante, querida, despreciada y amada que nos inunda a estas horas, y en ésta época.
El invierno fluye entre las calles, llegando hasta ese musculo a lo que llamamos corazón, q inevitablemente pareciera enfriarse.
Falta calor, quizá comprensión, una palabra o más bien un hecho que nos hable de verdad.
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Creación,
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Cero
Cuando yo muera, vendrá a buscarme, me cogerá en sus brazos, me llevará de la mano, y juntos nos pasearemos entre sus estrellas, por sus cielos, encima de sus mundos brillantes, porsus caminos celestes.Volveré a ser feliz, a oír su voz; volveré a mirar sus ojos de visionario, a sentir sus manos musicales.
Después de salir por aquella puerta, en varios siglos más, yo discutiré con Dios sobre ti.
Esto sucede cuando 3 poetas deciden armar una bomba
23 noviembre 2010, a la(s) 22:13La mujer imposible miraba por su ventana la calle vacía.
Imaginaba que de pronto aparecería el poeta con libros bajo el brazo y su mirada perdida abajo, en el pavimento que no dice nada , tierra dormida, gobierno de pequeñas cosas.
Soñaba con abrazarlo, decirle que todo este tiempo había sido de prueba, una forma de creer en sus poemas , en su vida, en la manera que tiene de beber del vaso.
Tomó el telefono pero de inmediato lo tiró sobre el sofá. No necesitaba llamarlo, o al menos se convenció de eso.
Se sentó frente al espejo y peinó su cabello como una niña aburrida de estar en casa, abrió una lata de cerveza y contempló el teléfono como si éste fuera el poeta.
Marcó los tres primeros números, pero luego tiro el teléfono aún más lejos, sobre la alfombra.
No tenía un gato que pudiese jugar con el teléfono o con ella.
Sólo tenía un espejo.
Un bosque tras el espejo.
Un poeta escondido en el bosque.
UNA BOMBA ES UNA BOMBANo un poema
La mujer imposible miraba por su ventana la calle vacía.
Imaginaba que de pronto aparecería el poeta con libros bajo el brazo y su mirada perdida abajo, en el pavimento que no dice nada , tierra dormida, gobierno de pequeñas cosas.
Soñaba con abrazarlo, decirle que todo este tiempo había sido de prueba, una forma de creer en sus poemas , en su vida, en la manera que tiene de beber del vaso.
Tomó el telefono pero de inmediato lo tiró sobre el sofá. No necesitaba llamarlo, o al menos se convenció de eso.
Se sentó frente al espejo y peinó su cabello como una niña aburrida de estar en casa, abrió una lata de cerveza y contempló el teléfono como si éste fuera el poeta.
Marcó los tres primeros números, pero luego tiro el teléfono aún más lejos, sobre la alfombra.
No tenía un gato que pudiese jugar con el teléfono o con ella.
Sólo tenía un espejo.
Un bosque tras el espejo.
Un poeta escondido en el bosque.
UNA BOMBA ES UNA BOMBA
No un poema
Casi buen ciudadano
24 enero 2011, a la(s) 21:50
Estoy harto de ser un buen ciudadano,
saludar con cortesía
deseando siempre buenos días,
llevar flores a mi amado
y ceder gentilmente el asiento.
No acepto que un transeúnte
me señale con el dedo,
que los pájarons me culpen
de la contaminación y del ruido.
Y que un amigo me vuelva la espalda
cuando preciso una pequeña luz en la mirada.
El mundo esta lleno de basura,
la diosa blanca coquetea en las esquinas
yo seguiré aferrándome a la escoba.
La iglesia con su imperio de limosnas
levanta castillos en el aire...
Sólo YO sé lo que siento;
El socialismo me encarcela ideas
y me hace pensar en círculos.
Aunque si he de ser sincera
el capitalismo tampoco me desvela.
Si hay algo que admiro de los pájaros,
es la altura de mira en la que ellos viven;
creo que voy por un buen camino,
vivo en paz con migo misma,
doy la cara a moros y cristianos,
duermo plácidamente por las noches y las mañanas
bajo el cerro en la bicicleta,
y rara vez me miro al espejo.
Le agradezco a mi mamá frente a la taza del desayuno
nunca haberme bautizado.
Nunca entendí por qué.
Hasta ahora.

saludar con cortesía
deseando siempre buenos días,
llevar flores a mi amado
y ceder gentilmente el asiento.
No acepto que un transeúnte
me señale con el dedo,
que los pájarons me culpen
de la contaminación y del ruido.
Y que un amigo me vuelva la espalda
cuando preciso una pequeña luz en la mirada.
El mundo esta lleno de basura,
la diosa blanca coquetea en las esquinas
yo seguiré aferrándome a la escoba.
La iglesia con su imperio de limosnas
levanta castillos en el aire...
Sólo YO sé lo que siento;
El socialismo me encarcela ideas
y me hace pensar en círculos.
Aunque si he de ser sincera
el capitalismo tampoco me desvela.
Si hay algo que admiro de los pájaros,
es la altura de mira en la que ellos viven;
creo que voy por un buen camino,
vivo en paz con migo misma,
doy la cara a moros y cristianos,
duermo plácidamente por las noches y las mañanas
bajo el cerro en la bicicleta,
y rara vez me miro al espejo.
Le agradezco a mi mamá frente a la taza del desayuno
nunca haberme bautizado.
Nunca entendí por qué.
Hasta ahora.

viernes, 20 de mayo de 2011
Téconsume
Se consume lentamente, cada aspirada es una nueva idea, cada ceniza, una que se va.
Cada trozo de tinta al descubierto es un pequeño espasmo de debilidad, mientras sentada
a la deriva de la corriente que entra entre la cortina y el visillo, se consume otra vez.
El círculo comienza a girar, cuadradamente.
Cuatro esquinas, sobre cuatro paredes de cartón.
Cada trozo de tinta al descubierto es un pequeño espasmo de debilidad, mientras sentada
a la deriva de la corriente que entra entre la cortina y el visillo, se consume otra vez.
El círculo comienza a girar, cuadradamente.
Cuatro esquinas, sobre cuatro paredes de cartón.
Maneras Extrañas
Qué maneras tan extrañas de recordar tiene uno.
Tal como ella lo hacía a veces, en la punta del año que agoniza cada tarde.
En la esfera meticulosa que vuelve a gemir tras cada falla.
En las nubes hambrientas y poderosas que desean cumplir su propósito:
Estallar ante todo, dejar gris cada espacio.
Qué maneras tan extrañas de olvidar tiene uno.
Tal como el la borraba en dos piedras, sentado junto a los caracoles, aquellos interminables
espirales de sensación.
En los increíbles momentos de separación cotidiana con el mundo real.
Con un vaso de papel en la mano, con el hígado por el suelo.
Que maneras tan extraña de vivir tiene uno:
Pensar en que llega el invierno, es como decirle NO a la vida entera.
Tal como ella lo hacía a veces, en la punta del año que agoniza cada tarde.
En la esfera meticulosa que vuelve a gemir tras cada falla.
En las nubes hambrientas y poderosas que desean cumplir su propósito:
Estallar ante todo, dejar gris cada espacio.
Qué maneras tan extrañas de olvidar tiene uno.
Tal como el la borraba en dos piedras, sentado junto a los caracoles, aquellos interminables
espirales de sensación.
En los increíbles momentos de separación cotidiana con el mundo real.
Con un vaso de papel en la mano, con el hígado por el suelo.
Que maneras tan extraña de vivir tiene uno:
Pensar en que llega el invierno, es como decirle NO a la vida entera.
jueves, 19 de mayo de 2011
Puertas
Abro las puertas, delicadamente, de par en par.
Llevo 12 tazas de café sin azúcar y voy por más.
No tengo fuego, no podré seguir inhalando el áspero humo que dejó tu esencia.
No podré vibrar en compañía de ese sorbo amargo que dejó tu mirada.
Como bien dije, abro las puertas y ya no tengo nicotina, en efecto, se me agita el corazón, me hace temblar la conciencia, me hace desaguar azarosamente tu nombre.
¿Ya mencioné que abrí las puertas?
Saqué la llave del bolsillo izquierdo, llave espesa como el viento que va llenando la habitación oscura, con una fría pero cálida sensación de libertad.
Me encuentro tu aliento benevolente, ese que grita despacio la melancolía de los ritmos, ese que observa de manera lenta los movimientos en que el agua cae tras ponerse el Sol, ese que forma meticulosamente aquel suave silbido de armonías inconclusas que dejamos al azar, desalientos que abandonamos a la intemperie desprovistos de toda lógica.
Yo recuerdo aquel contacto fingido tantas veces por tu rostro contra mi espalda envolviendo un dulce y suave caminar.
¿Realmente abrí las puertas?
Sí, las abrí, las dejé ir junto con las ventanas, después de el fuego de esa pasión escondida, antes de la frágil canción que ahora deja tu voz, y que vuelve a sonar.
sábado, 7 de mayo de 2011
Mayo
A algunas personas, extrañamente, les gusta arruinar sus recuerdos. Se trata de aquellos que cuando terminan una relación amorosa significativa, no satisfechos con el fin del vínculo, o quizás agobiados y culposos por la destrucción del mismo, añaden ofensa al agravio y ponen en duda todo su pasado. Incapaces de asumir la responsabilidad de su partida, depositan la carga en el ya dolido pecho de su ex amado. Como no saben cortar ni separarse, justifican su marcha invalidando la historia compartida. Confunden sinceridad con vejamen y claridad con desdén. En vez de simplemente decir adiós e irse, envalentonados declaran “nunca te he amado”.
Dejar una relación no es fácil. Requiere de esfuerzo y decisión y, a la vez, produce mucho miedo y angustia. Pero el sufrimiento que genera ser dejado no tiene parangón. La persona abandonada siente que su mundo se derrumba, y que no sólo el amor, sino que todo en su vida parece haberse terminado: su autoestima, sus ganas, su risa, su tranquilidad, sus sueños, su futuro. No puede creer que lo hayan dejado de querer y menos que no sea posible volver atrás. Se aferra a cualquier cosa, y en este contexto, la palabra del ser amado obtiene un poder desmedido, de modo que lo que diga o deje de decir puede hundirlo en la depresión más profunda o devolverle la ilusión perdida. Un reproche o una crítica es vivida como un ataque destructivo; un saludo afectuoso es leído como una señal de esperanza. Involuntaria y súbitamente, el lenguaje del amante que ha partido adquiere atribuciones de la cual su portador no es consciente y que tienen tanto el potencial mortífero de un puñal afilado como el efecto calmante de un bálsamo. Demasiado peso e influencia para quien está provocando una ruptura.
Señor o señorita, si usted ha dejado de amar a su pareja, o creció en la dirección opuesta, o se enamoró de otra persona, o siente el vínculo irrecuperablemente desgastado, o se aburrió de los conflictos de siempre, o el tedio se apoderó de su vida hasta envenenarla, o quiere darle un giro radical a su existencia y terminar la relación definitivamente sin darle más vueltas, bueno, váyase. Está en su derecho; es su amor, su vida, su relación. Pero a lo que no tiene derecho es a romper la autoestima y vaciar la memoria de quien fuera su media naranja por tanto tiempo. No sea rudo, ni hable de más, ni dé discursos interminables, ni trate de justificar lo injustificable, ni intente reinterpretar todo su pasado a partir de lo que siente hoy. No tiene sentido mirar con ojos de hoy sus deseos de entonces. Quizás la impaciencia y el deseo de hacer un corte tajante le impidan calibrar el profundo duelo en que ha quedado sumergida su contraparte y, menos aún, dimensionar el impacto que pueden tener sus palabras.
Usted, que ha decidido partir, entienda que la memoria se va gastando con los años y es fácil, a la luz de nuevos acontecimientos, reinterpretar toda la historia pasada. La mirada que usted tiene de los hechos de antaño está influida por la experiencia habida desde entonces. Sus vivencias recientes y actuales la han modificado. Por eso, márchese de una vez; pero mida sus palabras y no se vaya de tesis. Puede resultar irreflexivamente cruel. Porque las palabras finales retumban en el recuerdo, no se olvidan nunca y pueden causar estragos. Si sólo se dejan los recuerdos ¿para qué destruirlos?´
Dejar una relación no es fácil. Requiere de esfuerzo y decisión y, a la vez, produce mucho miedo y angustia. Pero el sufrimiento que genera ser dejado no tiene parangón. La persona abandonada siente que su mundo se derrumba, y que no sólo el amor, sino que todo en su vida parece haberse terminado: su autoestima, sus ganas, su risa, su tranquilidad, sus sueños, su futuro. No puede creer que lo hayan dejado de querer y menos que no sea posible volver atrás. Se aferra a cualquier cosa, y en este contexto, la palabra del ser amado obtiene un poder desmedido, de modo que lo que diga o deje de decir puede hundirlo en la depresión más profunda o devolverle la ilusión perdida. Un reproche o una crítica es vivida como un ataque destructivo; un saludo afectuoso es leído como una señal de esperanza. Involuntaria y súbitamente, el lenguaje del amante que ha partido adquiere atribuciones de la cual su portador no es consciente y que tienen tanto el potencial mortífero de un puñal afilado como el efecto calmante de un bálsamo. Demasiado peso e influencia para quien está provocando una ruptura.
Señor o señorita, si usted ha dejado de amar a su pareja, o creció en la dirección opuesta, o se enamoró de otra persona, o siente el vínculo irrecuperablemente desgastado, o se aburrió de los conflictos de siempre, o el tedio se apoderó de su vida hasta envenenarla, o quiere darle un giro radical a su existencia y terminar la relación definitivamente sin darle más vueltas, bueno, váyase. Está en su derecho; es su amor, su vida, su relación. Pero a lo que no tiene derecho es a romper la autoestima y vaciar la memoria de quien fuera su media naranja por tanto tiempo. No sea rudo, ni hable de más, ni dé discursos interminables, ni trate de justificar lo injustificable, ni intente reinterpretar todo su pasado a partir de lo que siente hoy. No tiene sentido mirar con ojos de hoy sus deseos de entonces. Quizás la impaciencia y el deseo de hacer un corte tajante le impidan calibrar el profundo duelo en que ha quedado sumergida su contraparte y, menos aún, dimensionar el impacto que pueden tener sus palabras.
Usted, que ha decidido partir, entienda que la memoria se va gastando con los años y es fácil, a la luz de nuevos acontecimientos, reinterpretar toda la historia pasada. La mirada que usted tiene de los hechos de antaño está influida por la experiencia habida desde entonces. Sus vivencias recientes y actuales la han modificado. Por eso, márchese de una vez; pero mida sus palabras y no se vaya de tesis. Puede resultar irreflexivamente cruel. Porque las palabras finales retumban en el recuerdo, no se olvidan nunca y pueden causar estragos. Si sólo se dejan los recuerdos ¿para qué destruirlos?´
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