lunes, 26 de septiembre de 2011

Sin título II

...Y mi abrazo tenía exactamente la forma de la dimensión de su presencia...

Juicio


Frente a nuestros quebrantos -que se produjeron con simpleza- nos comportamos de manera quieta e indiferente.
La clemencia durante el <ahora> no tardó en llegar.</ahora>
Con un parvo trozo decolorado de desconsuelo, te oí omitir toda proporción homogénea de sesudas palabras.

<olv></olv>

Como en una especie de tregua –queramos o no – puedo desentrañar cuanta filosofía barata –básica- aspiraste a entregarme con tu valioso tiempo.
Gracias, gracias ¿ para qué te molestaste tanto?

<lo siento="" es="" casi="" fatal="" huir="" de="" tu="" actuar.="" parece="" iron="" escarnio=""></lo>

Cómprate un arrecife, si quieres te regalo mi ínsula.
Vuelve a nacer entre el frenesí verde de lo que te mueve.
Bebe sin decirme una vaso lleno de paroxismos tangibles.

<te conozco="" tan="" bien=""></te>

No hay  duda de que el simulacro de nuestro juicio y posterior condena a muerte será en el Puerto en unas semanas más.

domingo, 25 de septiembre de 2011

No hay que darle al tiempo ni un espacio de olvido,
ni una sola presencia hay que restarle al tiempo,
ni una sola alegría mezquinarle a la risa.


Vamos querido, te está sobrando ternura para darnos
(hablo en plural porque considero el futuro),
te está sobrando ternura
y sin embargo,
te están faltando manos para ser la caricia.
En las noches presiento,
en esas noches que guardo
adelantando memorias
y memorias prisas,
yo tendré preparada una canción hermana
una luna redonda a fuerza de ser llena
y un pasado inerte prendido del recuerdo
y algún silencio oculto
detrás de la poesía.


Entonces,
en ese entonces,
deliberando entonces que avanzamos ahora,
podremos asumir en simplezas (las de todos los días).


Me dirás: <los colores>
Y yo entenderé que Septiembre se propuso edificar la dicha.
Te diré: <canción>
Dirás: <viento>
Te diré : <montaña>
Dirás: <rocío>


Y así sencillamente ... 
como suele ser todo aquello que trama el amor 
La <Vida> te diré
Dirás: <La Vida>

martes, 20 de septiembre de 2011

El Cesto

Viejo icono.
Vieja vereda.
Viejo espacio en el tiempo.
Viejo cesto de papeles
cubierto de alambres soldados
unos con otros
oscuros alambres atados a la intemperie
de una memoria frágil de cuya especie no quiero recordar.
Viejo cesto, deformado, solitario, vago de estaciones 
en un tiempo recóndito
¿Cuántos escritos te llevaste de mi cuerpo?
Malos, sin duda alguna, malos, pero míos.
¿Cuántas cartas de amor te encontraron para siempre?
Cartas malas ... pero mías.
¿Cuánta vida te llevaste hacia el camino de la ausencia?
Vida mala, de eso no tengo nada que decir.
Vida mala ¿qué más da? Vida mía.


No es por absurda penitencia que estás
en la esquina de una habitación sin nombre.
A veces eres real. Cuando me complace
eres de ensueño, inerte, como todas las cosas
virtual, como las palabras.
Estás en un rincón
es que es así
es mejor
me olvido de todo aquello que encierras y no dejas salir más.
Solo olvido.
Es que es así
Viéndote lleno de mis estúpidas ocurrencias
(y digo estúpidas porque no se fragmentaron en acción
ni en palabras constantes hacia los otros)
malas ocurrencias, por cierto, he de recordarte.
Te veo ahí y me siento menos vacía.

lunes, 19 de septiembre de 2011

Voy a hablarle de ustedes


Estoy sentada justo en el comienzo de mi noche,
ustedes estarán acostando su cansancio del día,
su obligación de seguir transitando la semana 
con esa esperanza que irremediablemente está adelante.
Podrán imaginar que les escribo
pero es muy egoísta
la pretensión de querer que me imaginen.

Voy a hablarle de ustedes, 
a tratar de reunirlos
en las pocas palabras que el tiempo me permite.
Voy a hacer un poema que hace mucho acechaba,
pero estaba esperando estar lleno de ausencias,
convencido de estrellas, repleto de ternura,
porque es éste un momento vital de nuestra poesía.

Quiero decir amigos,
y siento que el pasado me sacude de lejos,
como aquellos alumnos de los primeros grados
que levantan la mano para decir: - ¡Yo sé!
Y el pasado lo sabe: 
fue hace muchos siglos,
porque no existen dudas:
nuestro cariño viene de aquel antiguo origen
en el que el ser humano primero
descanso en otro su primera sonrisa.

Quiero decir amigos,
y recuerdo canciones empujadas al viento,
porque el viento las pide
para darle distancias que nunca conocimos
pero que algún día
por las mismas canciones recorreremos juntos,
(Tal vez cuando la muerte, eso no me importa,
lo importante es que un día, por fin serán camino) , 
Las voces que recuerdo están encaramadas
al destino fugaz de la poesía,
y me llegan mezcladas, impuras, trasnparentes,
como suele ocurrirnos en las tardes de lluvia.
en aquellos momentos que soprende el verano
y el cielo nos salpica con su angustia vencida.

Me acusa la ausencia 
porque sé que en este instante alguien nos piensa lejos,
entonces no me queda más que sentirme sola,
tan sola y tan distante como aquel que recuerda.
No quiero hacer los nombres, sería muy ingrato
olvidar a uno solo de aquellos que están lejos.
El tiempo se me esfuma hacia el futuro,
por hablarle de ustedes,
de esta emoción que siento al comenzar mi noche;
pero ya se han dormido,
no quiero despertalos
Mañana, 
cuando algún instante nos encontremos juntos,
un instante que bien puede ser éste,
voy a poder decirles que quise decir amigos
y solamente puedo escribir: hasta mañana.

domingo, 18 de septiembre de 2011

Sin Título

Pretende no conocerme tanto, guarda tus expectativas y arranques para cuando quieras retornar a casa.
Si es que llegas no me saludes, detente a mirarme, tan solo destéllame, tu boca podría ser algo más que sonrisas.
No me mires, guarda tus ojos para la noche que se avecina.
No me roces, ocupa tus manos para escindir flores de papel, regálamelas, compremos un macetero.
No me hables, guarda tus palabras para una canción, quizás un escrito amordazado de sentimientos.
No dialoguemos, las señales sobran.
No me abraces, no es necesario tanto contacto. Arrebuja entre tus brazos algo más que calor <color, incluso>.
No me recuerdes, ni siquiera cuando te sientas solo. Quizás no sea necesario evocar la presencia que conmigo se relaciona, estaré ahí de todas formas.

20 cosas que DEBO hacer antes de morir


1.- Provocar el enfriamiento global.
2.-Tener un gato y apodarlo colalés.
3.- Apostar todo el sueldo del mes a algún juego de azar y no arrepentirme de la acción al conocer los resultados.
4.- Viajar otra vez a Calafate y hacer lo posible por no sacar tanta fotos.
5. Tropezar con aquel profe de básica, del cual me enamoré en su momento derrochadamente, y mascullarle al oído: “¿Cómo está profesor?”, mientras el me mira con ojos lascivos y me dice: “Carolina, cómo has cambiado” .
6. Buscar a ese huevón y decirle : “mira lo que te perdiste”
7.- Escuchar <Revolver> de The Beatles entero, sin distracciones.
8.-. Decirle a mi casi prima política en segundo grado que fui yo la que le dije a su mamá que salía con ese tipo casado
9.-.Tomar un vaso de Menta Mitjans cada tarde a los pies de mi cama y no sentirme una alcohólica solitaria por eso.
10.- Confesar a los cuatro vientos que no me baño todos los días
11.-Llegar de negro y con unas esposas a la consulta de aquel psicólogo que repitió ante mi tantas veces mi conducta “masoquista” … gritarle en la cara: CÚRAME CTM!
12.-Confesarle a mi vieja que los cigarros que encontró hace años eran míos  y no de mi mejor amiga.
13.-Viajar a Cartagena y sentarme junto a Vicente, leer Altazor en voz alta y fumar sin contratiempos.
14.- Encontrarme con Mormones en la calle e invitarles una cerveza
15.-Descubrir el misterio del triángulo de las Bermudas, probablemente ahí moriré.
16.-Ser narcotraficante – anarquista – terrorista (cualquiera de esos por un tiempo prolongado, solo para llevar la contraria al gobierno)
17.-Entrar a una Iglesia en pleno matrimonio y gritar : ¡YO ME OPONGO! (solo para fastidiar)
18.- Gritar con júbilo que lo amo, que siempre lo esperé.
19.-Ser feliz, como siempre.
20.- Irme un poco más abajo de la región de la Araucanía y establecerme ahí , plantar mi huerto y vender papas.



lunes, 12 de septiembre de 2011

1985

Pasada las 7 de la tarde, despertamos de la borrachera que había tenido un lugar absorbente durante el
almuerzo.
El olor que salía de la estrafalaria chaqueta de mi compañero a un costado de la mesa era, sin duda, repugnante.A pesar de la sensación, lo vi con inquietud sacar de ella otro porro y fumarlo con indiferencia, aspiramos un poco, me picaron los ojos, sentía mis pies elevados, saboreamos con extensas pausas una y otra vez, hasta que la yema de los dedos de uno de los dos - no lo recuerdo - nos detuvo incidentalmente(ya volveríamos a lo mismo) nos besamos, nos vestimos y salimos.

Tranquilos, todo bien, sin apuros.
Caminamos por uno de los callejones de las cuadras siguientes, la barahúnda era de esperar.
Tambaleamos, reímos un poco, solo un poco, todo nos parecía tan vano.
La gente nos registraba los pasos, no temíamos a nadie, tiró un escupo al suelo, salió incoloro, cochambroso.
Alboroto inmediato.

Llegamos en silencio a las puertas del local, un tipo nos pidió fuego, bajamos las escaleras, nos esperaban los demás del grupo.
Nos complacimos un par de abrazos, divisamos unas estocadas quizás en un tiempo más, quién sabe.
Vi gente conocida, todos igual de patibularios y sin sentido como yo.
-¿A qué hora se supone qué tocamos?
-Ni idea.

...From genesis to revelation
the next generation will be hear me
from genesis to revelation
the next generation will be hear me
And all the crowd comes in day by day
no one stop it in anyway
and all the peacemaker turn war officer
hear what i say...

La música era de esperarse, retumbaba sobre el techo carcomido. El Romo se intentó colar por entre larga fila de fanáticos que gritaba , saltaba e intentaba cantar las letras, estaba convencido que entre tanta efervescencia ese viernes por la noche, las minas eran aún más fáciles que durante el resto de la semana.
Desapareció por un rato, luego nos tocó a nosotros, de a poco subimos arriba de las tablas con unas alfombras viejas, llenas de copete.

Instalamos nuestras huevadas.Sonó el grito impetuoso de uno de los riffs que se despedazaba por entre la guitarra, el Romo troceaba las esperanzas sobre un batería a medias, un bajo más raro que la cresta se dejó escuchar a la izquierda mía, la Rocío se dejaba caer contra un viejo que la había mirado toda la noche, viejo culeado, le gritó mientras absorbía más humo, le rajaban la polera y posaba los labios sobre la boquilla del Saxo lleno huevadas que por ahí encontraba.
Nos dejamos llevar por un ritmo incalculable, extasiado, de seguro la gente que vomitaba en el baño podía sentir las energías que despilfarrábamos. Los minos que tiraban sobre el lavamanos demás que gritaban con nosotros.
Sudábamos bajo el estoico sentimiento de liberación nocturna, nos mirábamos unos a los otros, esa conexión no la tenía nadie más.








sábado, 10 de septiembre de 2011

Mi sonar

Había salido tantas veces como  muchas otras.
Tenía una sensación de indigencia, de estrechez, una sensación que solo algunos conocen a estas alturas, se parece al frío pero es más colorido, se parece a olvidar la letra de una canción en medio de una de esas serenatas matutinas al comenzar la semana sometida a distancia dentro del tren del olvido.
No quería ver cortometrajes, no quería leer gramática, no quería ordenar más de lo que ya había ordenado, no quería prender inciensos, no quería recoger la ropa, no quería hablar con nadie ni que nadie me hablara.
El sol ya era escaso, pronto daría vida a un nuevo día en cualquier otra parte del mundo, y era tanto mi hastío sin fundamentos frente a cualquier cosa que se me parara en frente que preferí salir corriendo, tomé una polera vieja, café, roñosa y poco femenina y me embarqué en la búsqueda de algo que me gustara, alguien desconocido con quien conversar, alguien que no supiera quien soy, alguien que no quisiera conocerme.

Partí, como bien dije, lejos y sin saber dond iba.

Pero antes, un aviso de utilidad pública : Señor lector, si a usted este texto le parece aburrido y poco consistente le invito a cerrar esta página, abrir facebook o Twitter y seguir con sus efímeras andanzas al azar, lo que viene ahora no es más que un amasijo, un embrollo de confusiones y de letras de cosas sin sentido que me pasan cuando me subo a la bicicleta.

Sin más vuelta que darle, ya cuatro cuadras lejos de mi casa, me sentí en una libertad sin ardides, era ella y yo, yo y ella.
Bajé en el sexto cambio esa maldita calle que siempre me aprisiona las ganas de cerrar los ojos y comenzar de nuevo e inhalar el aire que en Quilpué se abriga.
Esquivé unos gatos, unos perros, una señora que salía de un negocio con bolsas de tela en sus manos, algo de pan, un poco de verduras (es lo que recuerdo) es que mañana es 11 <me gritó>
Cuarenta minutos de pedaleo, cuarenta minutos de esperanza, me tumbé con los pies vacíos bajo una palmera a la deriva de las líneas del tren.
Pasó una, dos, tres, cuatro veces prendí mi cigarro, vino la primera calada.
Divisé a un tipo a lo lejos, 30 años quizás, todo a su alrededor tan verde y el de Negro – pensé – no me di cuenta de que lo miré detenida y sospechosamente por al menos 15 segundos, hasta que se posó delante de mi bicicleta y me dijo - ¿para esto querías que corriera?
Sonreí, y apagué el cigarrillo con la zapatilla.

El rin del angelito estaba apunto de terminar,  habían parejas besándose bajo otros árboles a unos metros de mí, otras hablando, no sé, quizás hasta discutiendo de por que ella había salido con el vecino la noche anterior o por que él ya no la llamaba por teléfono después del trabajo.
¿Qué tramamos?

Tejí espirales en el suelo, Belloto norte no lo conocía.
Aún existen casas de maderas, adornadas con amor y banderas chilenas.
Embauqué recuerdos olvidados, evoqué a un pueblo <Coltauco>que se apunta un poco más allá de Rancagua y en donde me obligaban a dormir siesta, pero nos dejaban jugar con los perros, y cruzar a jugar a la plaza, y subir al techo en la noche y estar con los gatos, levantarse temprano, recoger manzanas,  bañarse en el río con caca de vaca.
Tiempos aquellos, nada importaba.

Armé un sin fin de cualidades bajo el pequeño hálito que salía de los automóviles, pasaban más rápido a mi lado, tuve la sensación de despojo, elevé mis inquietudes, no tenía la más remota idea de que arterias me esperaban más allá, que gente me esperaría entre la cortina que separa la calle de las casas, que tipo me gritaría alguna palabra sin ornamentos y llenas de impulsividad.
Me condescendí resolver mi fastidio, acertar la otra duda que me separaba de las respuestas aplazadas que antes de tomar mi bicicleta y salir sin la intención de rastrear mis propios gustos.
Descubrí gente.
Descubrí que aún se enseña a los pequeños a andar en bicicleta, descubrí que es mejor quien no te molesta, descubrí que aún hay calles de tierra, descubrí que en el fondo, lo que me tenía mal era no conocer la ciudad en donde vivo ahora, eso no me lo permito más.

sábado, 3 de septiembre de 2011

Mortal - Gonzalo Rojas

Del aire soy, del aire, como todo mortal,
del gran vuelo terrible y estoy aquí de paso a las estrellas,
pero vuelvo a decirte que los hombres estamos ya tan cerca los unos de los otros,
que sería un error, si el estallido mismo es un error,
que sería un error el que no nos amáramos.
Un bárbaro en el Asia Aquí en el centro del mundo, pero la Tierra no es el centro del mundo,
uno se inflama o se seca; la Tierra misma es páramo: de ella vinimos;
nos parecemos a su piel, sonamos verdes o blandos según las estaciones,
todo transcurre en su mudanza, cumplimos años tan ligeramente, nos
quemamos y ardemos, pedimos plazo y más plazo; viene el Tiempo,
[¿quién,
quién hilará después el hilo que hilaremos?
La Poesía se adelanta y sus agujas marcan el vuelo de las aves.

miércoles, 31 de agosto de 2011

Descuido


Cuando los vi entrar a la habitación pude vislumbrar en sus rostros la extraña sensación de haber vivido
sin límites, sin dejar que la muerte pasara a través de mi cuerpo.
Había dejado de ver la película, aquel Film me había agotado el cerebro, no entendía las imagenes en movimiento,no entendía como el Director podía ser tan malo.
Me pusieron unos cuantos hilos más atados a mis brazos, estaba atrapada, postrada en el tiempo, mis manos estaban vacías, apenas podía coger el control remoto y cambiar de canal.
Me asearon, ordenaron de nuevo la cama donde estaba hace algunos días.
La paramédico arregló mi almohada.
Yo cerré mis ojos...estaba demasiado cansada.

martes, 30 de agosto de 2011

402

La última noche que la vi, habíamos escapado de un maldito veneno.


Corrimos aún a sabiendas de que no habría vuelta atrás, un destiempo exacto podría hacernos
creer nuevamente en una situación que nos comprometía a ambas, pero por separado.


Sin despedirme, la dejé en la puerta de su departamento, pensando en el juego, pasándome rollos con la vida.
Agaché la cabeza, como si me hubiese sentido culpable, irremediablemente maltratada por antiguas salsas
de champiñones. Me sentía Ebria.


Al salir del lugar no veía más que Valparaíso, y no es que sea poca cosa, es sólo que esperaba una ciudad distinta,
una ciudad que no me invitara sospechar que todo lo que estaba apabullando con grandeza, se me vendría encima al pasar las semanas, pero por sobretodo los meses.


Recordé incesantemente la conversación que se había suscitado entre nuestros dos ejes convexos hacia proyecciones y futuros que escapaban los límites de la lógica, de los quehaceres cotidianos.
Ella casi siempre tiene la razón, por lo menos lo que respecta a mi decisiones.


Nuestra relación se ajusta a parámetros sin sentido, contradicciones irrefutables, adoptamos posturas letales frente a nuestros pasos por éstos días, transgredimos barreras narcóticas y perecederas con  un simple gesto de humildad. 


Puede que su boca no siempre piense todo lo que diga, aún así estoy prendada de ella. 
Razones no tengo, tampoco me importaría tenerlas.
Inventó leyes para mi, definiciones sin sentido, todo lo nuestro se basa en inmortalidad, a veces en alcohol, en conexiones llenas de eufonía, y sin quererlo esa noche la había amado, entre las sombras de recuerdos que solo ella y yo sabemos que existen.
La sinceridad por éstos días me conmueve, más aún la de ella.

Luego de dos horas, por lo que logro recapitular con certeza a éstas horas, llegué a mi casa cansada,
con la sensación de que todo había sido una extraña pesadilla, estaba sin aire, me tumbé bajo unas frazadas, una almohada que no era mía.
La luces de la calle entraban hasta el alma.
El sonido apagado de un aparato electrónico -que espero me roben algún día - me invitó a revivir palabras que alguna vez salieron de mi boca, inconsolables, con toques de eufemismo.

Me sentía culpable.
Ella me decía : soy un instrumento idiófono, esférico aveces, estoy compuesta de una parte hueca que entrega sonido al contacto con pequeños elementos percusivos, me sostiene un mango de madera y atrocidades...










imperfecto


El espera de una u otra forma que le ame en tiempos pasados
según elen el momento que yo debí amarle sin contradecirme, incluso utilizando la palabra "siempre"
y no le interrumpa sus ágiles horas
cuando la tarde ya se desarrolla, frágil, pasajera
cuando ya pasó la vieja
cuando ya  partió la micro
el gato de la esquina se alcanzó la pata trasera con la lenguay un río de lava corre bajo las calles azules
El espera que la ame con efecto  CASI retroactivo
desafile y desafíe mis recuerdos, mis memorias, mi ropaje
descomprima y resetee mi disco duro
desnudando poco a poco mis cuadernos, mis libros henchidos de otras letras
que una bomba de canciones quiebre todos sus espejos
y la bacteria del olvido me consuma desde dentro
 El espera que le ame por sobre cualquier dialecto
pero ignora que aprendí a vivir y a morir con cada extraño beso 
de eso que algún día dejaron de ser cotidianos: se transformaron en efímeros movimientos
y abrigaron bajo las sombras la estela de un fracaso esperado
El espera que le ame sin comienzos sin finales trágicos
que bese su diadema a millones de kilómetros de distancia 
y no roce con mi espalda el más mínimo trozo de sus telas
que no ennegrezca con mi voz el más sentido aire de la playa
que no mancille el pasto que se asoma entre los ojos con mis pasos
y no destruya poco a poco sus atardeceres de óleos al azar
con el sólo hecho de observarlos desde mi asiento retráctil
El alberga la esperanza que le ame y no quiere que nadie lo sepa, aún
el aire, las cenizas, las gotas, semáforos, rostros olvidados, líneas de cebra
porque el amor es para el una que otra letra

El Verde


-Música, meláncolico alimento para los que vivimos del amor -había citado por cuarta vez, templando la guitarra antes de proferir el tango.

¿Ahora te absorben, constantemente, unos ojos que no te pertenecen?
Siempre creí que eran cuentos míos, pero al terminar la página
y seguir - sin querer - con la otra ( pues la verdad el libro era poco interesante)
tuve la intuición - casi visión - de que te quedabas absorto en sensaciones mientras
ella cerraba y abría las cortinas, tan ingenuo que saliste.


En Blanco


Lo siento.
La última vez que intenté escribirte
terminé por destruir mi billetera.


lunes, 29 de agosto de 2011

Algo tiene

Evito olvidarte.
Incansablemente apareces con gestos de cortesía
abriendo espacios incalculables en una mente, que durante estas horas
no quiere pensar.

Debes estar leyendo ésto.
Me refiero a lo nuestro.
No, olvídalo, quiéreme : es más fácil.

Fabricaría para ti
Nubes, del color que quieras.
Podría incluso hablar con Dios
para que lloviese cuando tu quisieras plantar tus ojos
bajo el agua, abrir tus manos
sentirla a ella.

Lamento , en estos momentos, no poder golpear tu puerta.
Hace frío, quizás un abrazo afectuoso y sincero nos llene el alma
mañana, como a la hora de almuerzo.
Lamento no estar contigo ahora, quizás me necesitas, quizás
la cortina de tu habitación sigue encendida en alguna pared.
Quizás ése espasmo te tiene inmovilizado ante una posible
duda virtualsentimental.

Ante todo, comprende que te comprendo.
Si algún día decides marcharte, emprender el paso
comprar nuevos cigarros, colgar tu bufanda en otro perchero
abrir rejas oxidadas, y cerrar puertas hinchadas por los
cambios de temperaturas...

No te preocupes, entenderé.
Yo podría volver a escribirte.
Incluso amarte.


miércoles, 24 de agosto de 2011

Sólo dos cosas

1.- La gente siempre querrá más de lo que tiene.
2.- La gente insiste en cambiar todo aquello que no entiende.

La exiliada al Sur




Un ojo dejé en los lagos por un descuido casual.
Así comenzó ésta extraña noche. La verdad, a esta hora, no encuentro el sentido de dormir, las 6 am me recuerdan que es demasiado temprano para ir a la cama, irónico. Yo debería existir sin horarios ni refutaciones.

miércoles, 3 de agosto de 2011

El Radio

Caminamos sin llamar la atención, no teníamos mucho que esconder.
Poseía escondido en el bolsillo del pantalón unos dados que se había robado del local de juegos de la esquina anterior la excusa fue : tener un nuevo adorno para la ventana.
Yo llevaba unas botellas vacías, unas manos vacías, una duda intransigente.
Algo me hacia falta.

No había perros en la calle, ni prostitutas, ni autos que se las llevaran. Tampoco había luces encendidas en las habitaciones de las casas, borrachos tomando vino en caja, ni tampoco colectivos para volver a esa hora a nuestras respectivas moradas.
-Tendrás que quedarte conmigo.
Me miró extrañado, pero tenía brotando sensatamente una sonrisa en el rostro.

Concluimos avanzar, hasta la botillería más cercana estaba a unas 10 cuadras de donde nos encontrábamos, yo no quería seguir bebiendo, solo quería vender las botellas, el viejo del local nos había contado que las compraban a 400 cada una.
Gran idea.

El frío de la noche llegó a ser incalculable.
Luego de obtener lo que queríamos, compramos una cajetilla de cigarrillos y unos fósforos.
Después de la primera calada, pasó un radiopatrulla, nos realizó un control de identidad. (Recordé que había perdido mi billetera en el metro hace unos días.)
Mi compañero aquella vez, le mostró sus documentos. No tuvo problemas, no estaba ebrio y yo tampoco.

Era inservible evadir la mirada del paco, me inquieté un poco.
¿Qué diría frente a sus preguntas?
Nada, ni siquiera yo sabía quien era.






domingo, 31 de julio de 2011

La Verdad

Existe un trozo de universo al descubierto esta noche, quiere permanecer junto a nosotros en una sesión
si len cio sa , compacta y armoniosa.
Podemos, si quieres, volver a casa. Está lloviendo.
No es que tenga miedo, es solo que no traje paraguas.

Ahora que lo pienso, tengo tu esencia rozando mis labios ( hasta puedo decir tu nombre)
aún me quedan tus canciones entrando como esferas en mi oído derecho ( el izquierdo funciona mal )
quedan restos de tu ropa en mi palabras, hechos, y también en algunas dudas (que ahora no quiero confesar)
aún tengo recuerdos, aún tengo días de Sol, aún tengo nubosidad parcial, un poco de campo
y unos cigarros sueltos antes de subir a un bus.

Mentí
Quizás por amor
Dañé
Quizás por mentir
Viví 
Quizás por morir
Lloré
Quizás por esperar
Volé
Quizás por sentir
Perdí
Quizás por ganar 
Gané
Quizás por entregar

Aún es un poco difícil decir qué nos está pasando
¿Qué nos está pasando?

jueves, 28 de julio de 2011

¿Escuchas los rayos de luces?

17 noviembre 2009, a la(s) 21:15


Las armonías revolotean como pájaros a través de los cristales, temprano por la mañana , veo por la puerta que abro despacio para no despertar a nadie, el cielo estrellado lleno de soles, planetas y cuerdas colgando de los anillos de saturno, aunque no logro comprender con total exactitud qué es lo que cuelga de los enormes anillos.
¿Serás tú? ¿Seré yo?
No te vayas por favor.
Expreses lo que digas. Escondas las imágenes auditivas que quieras.
Siéntate entre las manos que aguardan un reloj con tiempos infinitos.
Pasea entre los árboles y columpios triangulares que miran sin oler entre las hojas que caen al compás del viento y la lluvia.
Quédate un momento esperando entre las miradas que vienen y van en los pasillos grises y a veces salpicados de colores.
Grita en ese silencio ensordecedor que acoge cada una de mis palabras. Ambiguas razones para escribir bien, ambiguas razones para creer en lo cierto.
Escucha el sonido del agua atravesando los focos de luz al final de la pileta donde arrojas las monedas.
Sueña el deseo que pediste en ella, en tus sueños querido, sí, aquellos que le confiaste a la moneda.
Respira sobre la vehemencia e ímpetu que ocasionas. Apágala en mí después de haberla ocasionado. Renácelo como relámpagos y truenos saliendo de las nubes en un brillante día de invierno.
Nubes que parecen arco iris de dos matices.
Manos que no quieren ser tacto, y ojos prosistas que no quieren mirar el planeta que le rodea.


Eres una muralla en plena guerra.
Eres una puerta cerrada en medio de la nada.
Eres una hoja al límite de ser quemada.
Eres un grano de arena entre el pasto que crece y el pasto que muere.
Eres un re menor entre puros soles, la y mi.
Eres epítetos alegres y decorosos entre las líneas del más difamador aviso.

Eres nada.
Igual que yo.
Pero distintos.

No existe concepción para definir qué es eso.
No encuentro razones para estar mal.
Ojala el hombre que alguna ves me susurró al oído que todo cambia y nada permanece, estuviera aquí. Escribiera junto a mí y me dijera que es lo que especula. Qué es lo que quiere demostrar.

martes, 26 de julio de 2011

Así habló


A ambos, de alguna manera, nos gusta profanar nuestros recuerdos.
Por razones que aún no quiero saber, siempre están sujetos a pequeños estados de ánimo.
Y es que siempre me hablaste en un tono gracioso y sincero, te creí, sin tentativa contraria, cada palabra que
al azar, y patentando un diálogo implacable que se agudizó con el correr de los años, salía
difusa, untuosa, mordaz incluso retórica y perfecta desde el amasijo de pensamientos
y músculos que hasta hoy habitan en tu cuerpo.

La pregunta es : ¿Comienzas?
La respuesta: No hay respuesta.

Se (re)produce una pausa, y generalmente comienzo yo, tendida, con el vaso en la mano.
Ahí es donde se produce el encuentro de dos mundos distantes y distintos.
El tuyo, el mío. 
Y bajo el consuelo de un cigarro que de a poco, entre las burlas, se consume , tu oído parece
ladararle al sonidos de mis palabras, expulsadas con desprecio y algo de aflicción por culpa de amores inconclusos 
a la deriva de la corriente de vientos ajenos y noches estrelladas, amores entusiastas
y fervorosos, culpables y de culto, obcecados, condescendientes. Pero también  algo de culpa de aquella cegera que tuve con los de antaño, esos que decían llamarse gente-amiga, deshonesta, pocoirreal. Con otra mesa
bajo un mantel de colores, otra ventana bajo el suelo verdoso.

Luego venías tu, traías tu piano de cola, siempre contigo. 

Espraba (siempre) con entusiasmo tu recuerdo dibujado, alguna pincelada de tu pasado - no es que me importara - si no más bien me era importante comprender como te construías - te veías inteligente y algo prudente (Por no decir sensato)
Tenías buenos cuentos, historias  y también libros (con extrañas metáforas)
Me impresionaba la forma en que dabas vuelta la página mientras me apoyaba en tu hombro, aveces me movía contigo, a veces simplemente el sueño me la ganaba y lograba dormir bien -  sufro (aún) de insomnio.

Sin embargo, dentro de todas las evocaciones  a lo que vivimos (si llegases a preguntarme algún día)
 lo único que ahora puedo recordar(te) es que hubo una noche, en específico, en que pusiste un disco que odiaba ( y lo sabías), llevabas puesta una camisa que odiaba - no por fea - si no por indecorosa ( estabas entendido de eso), 
tus lentes estaban rotos, nunca hiciste nada por arreglarlos, la forma en la que bebías del vaso me parecía poco
provechosa - siempre me evadías- ¿Por qué?. Tus zapatillas estaban peor que las mías, fumabas unos cigarros mentolados, caros, pero malos. Esa vez me contaste que la chica de los ojos verdes de la Obra te había besado (la frente) y tu , estúpidamente, le habías pagado el pasaje en el tren devuelta a casa, y como última gracia te esperaba afuera de la mía.
Ahora y sin más vueltas que darle al asunto aludido, el abrazo que me diste antes de irte fue en vano, no alcancé a sentirte ni a dimensionar la amarga sensación de saber que nunca te amé, quizás solo a tus historias y la comodidad que me producía sentirte por las noches de frío, aunque si somos sinceros, tenías bastantes frazadas en la cama.

Realmente eras puro recuerdo.

PERMISO, esto es un juego

Iba por mi cuarto cigarrillo.
Rápidamente lo saqué de la cajetilla, la cerré, la guardé en el bolsillo izquierdo de la chaqueta y él se apresuró – casi por inercia – a regalarme un poco del gas de su encendedor.

Y así comenzó mi noche, en una mesa bastante pequeña, con unos asientos bastante cómodos, con el vaso –extrañamente- cada vez más lleno, corrieron las horas junto a un tipo que me parecía agradable.
Me permití hacerle algunas preguntas.

23 años, residente en Valparaíso, escritor por naturaleza, ambiguo como cualquier otro, tesista de una carrera rentable en una universidad privada, fumador por excelencia, cinépata como yo misma, se deja el pelo corto de vez en cuando, trabaja en unas bodegas de noche, lee cómics hasta la madrugada, tiene un acento extraño – supongo que vivió en Santiago – toca guitarra – aunque no tiene – tampoco tiene Facebook, pero pasa horas en el computador bajando música. Incluso desde Taringa

Explicó que estaba en el local por qué su pieza es demasiado pequeña, necesitaba libertad.
Él me miraba sin reservas, no me hizo preguntas, supuso que nos conocíamos de antes.
Me permití acercar un poco más nuestros brazos – me encantaba sentirlo cada vez más cerca.
Me tomó por el cuello y entre susurros al oído me hablaba de la canción que sonaba en el Local.
(Si mal no lo recuerdo, era la versión Jazz de Purple Rain )
Me permití cantarle.
Sonrió.
-Echa más por favor, mañana no quiero echarte de menos – me dijo.
Me invadió un no sé qué.
Se permitió mezclar sus falanges entre el frío incontenible de mis dedos.
Pagamos las cervezas, el vodka, el pisco y posteriormente los After Eight.
Salimos, del local sin saber donde íbamos. Sin mirarnos aún detalladamente, me seguía el paso rápido que generalmente invade mis pies – sin mayor explicación a la frase anterior – tambaleante, llegamos a uno de los Cerros aledaños y nos sentamos en una de las piedras del mirador.

-Valparaíso es realmente grande- dije entre nos.
-Esta lleno de, no sé, tiene un narcótico extraño.
-Me hace divagar en sensaciones y vivencias que – seguramente- mañana al amanecer no recuerde, pero no importa.
 -¿Cuál es tu nombre?
-Andrés
-Me gusta
-¿Qué es esto?
-Un juego
-¿Estás jugando conmigo?
-Quizás, de eso se trata.
-Tienes razón…si quiero, ¿puedo irme y desistir?
-Adelante.



lunes, 4 de julio de 2011

Tiempos

Nueve razones para olvidar el reto de cruzar la cuerda floja, otra vez.
Ocho palabras que caben en la palma delirante de la mano que afloja frente a cada gesto de imperfección.
Siete alivios inconclusos que demuestras la veracidad de los hechos volátiles.
Seis avistamientos en piedras pequeñas que te llaman a creer al mejor, algo que hable con sinceridad y sin vejámenes.
Cinco son las letras del teclado que desenvuelven mis pensamientos incontables veces.
Cuatro son las paredes que absorben el miedo y la estabilidad de las sábanas.
Tres son los presentes que nos toca caminar en cada momento.
Dos son los ojos que dentro de toda su complejidad te hacen crear mundos e interpretar las verdades.
Uno es el sentido de la vida, tu tiempo y el de nadie más.

ESPERAnza...

 En varias ocasiones atrás, enigmáticamente y con la cabeza cubierta de ropajes voladores, me sentaba en el regazo de la Esperanza a contarle un parvo trazo de mis problemas.
Era más bien una consulta psicológica gratis, una indebida muestra de sinceridad de su parte, me abría los ojos descalzos de vez en cuando, y me enseñaba un poco de su dulce sabor a libertad descontrolada.
Sin embargo, cuando más la escuchaba, más temía de su veracidad mutilante y sarcástica.
Se rió a carcajadas de mí, muchas en incontables veces, me miraba el cuerpo entero y me preguntaba: ¿Estás segura?
Y mi respuesta siempre fue ambigua, volátil y muy poco convincente.
Suele pasar que estás repleto de incontables ideas, heterogéneos verbos lanzados al azar sobre una intemperie poco agraciada como suele ser lo cotidiano.
Una menjurje revuelto con drogas puede calmarte y también hacer de ti  un balde lleno de agua.
La esperanza puede hacerte fuerte, y también más débil y lánguido cada día.
Puede darte satisfacciones momentáneas con cada palabra o gesto en el que ella se retrata, pero también puede regalarte agrios conjuros de inestabilidad.
Es como sentirte en el limbo, ni aquí ni allá.
Per vamos,  a nadie le importa.