Las armonías revolotean como pájaros a través de los cristales, temprano por la mañana , veo por la puerta que abro despacio para no despertar a nadie, el cielo estrellado lleno de soles, planetas y cuerdas colgando de los anillos de saturno, aunque no logro comprender con total exactitud qué es lo que cuelga de los enormes anillos.
¿Serás tú? ¿Seré yo?
No te vayas por favor.
Expreses lo que digas. Escondas las imágenes auditivas que quieras.
Siéntate entre las manos que aguardan un reloj con tiempos infinitos.
Pasea entre los árboles y columpios triangulares que miran sin oler entre las hojas que caen al compás del viento y la lluvia.
Quédate un momento esperando entre las miradas que vienen y van en los pasillos grises y a veces salpicados de colores.
Grita en ese silencio ensordecedor que acoge cada una de mis palabras. Ambiguas razones para escribir bien, ambiguas razones para creer en lo cierto.
Escucha el sonido del agua atravesando los focos de luz al final de la pileta donde arrojas las monedas.
Sueña el deseo que pediste en ella, en tus sueños querido, sí, aquellos que le confiaste a la moneda.
Respira sobre la vehemencia e ímpetu que ocasionas. Apágala en mí después de haberla ocasionado. Renácelo como relámpagos y truenos saliendo de las nubes en un brillante día de invierno.
Nubes que parecen arco iris de dos matices.
Manos que no quieren ser tacto, y ojos prosistas que no quieren mirar el planeta que le rodea.

Eres una muralla en plena guerra.
Eres una puerta cerrada en medio de la nada.
Eres una hoja al límite de ser quemada.
Eres un grano de arena entre el pasto que crece y el pasto que muere.
Eres un re menor entre puros soles, la y mi.
Eres epítetos alegres y decorosos entre las líneas del más difamador aviso.
Eres nada.
Igual que yo.
Pero distintos.
No existe concepción para definir qué es eso.
No encuentro razones para estar mal.
Ojala el hombre que alguna ves me susurró al oído que todo cambia y nada permanece, estuviera aquí. Escribiera junto a mí y me dijera que es lo que especula. Qué es lo que quiere demostrar.
¿Serás tú? ¿Seré yo?
No te vayas por favor.
Expreses lo que digas. Escondas las imágenes auditivas que quieras.
Siéntate entre las manos que aguardan un reloj con tiempos infinitos.
Pasea entre los árboles y columpios triangulares que miran sin oler entre las hojas que caen al compás del viento y la lluvia.
Quédate un momento esperando entre las miradas que vienen y van en los pasillos grises y a veces salpicados de colores.
Grita en ese silencio ensordecedor que acoge cada una de mis palabras. Ambiguas razones para escribir bien, ambiguas razones para creer en lo cierto.
Escucha el sonido del agua atravesando los focos de luz al final de la pileta donde arrojas las monedas.
Sueña el deseo que pediste en ella, en tus sueños querido, sí, aquellos que le confiaste a la moneda.
Respira sobre la vehemencia e ímpetu que ocasionas. Apágala en mí después de haberla ocasionado. Renácelo como relámpagos y truenos saliendo de las nubes en un brillante día de invierno.
Nubes que parecen arco iris de dos matices.
Manos que no quieren ser tacto, y ojos prosistas que no quieren mirar el planeta que le rodea.

Eres una muralla en plena guerra.
Eres una puerta cerrada en medio de la nada.
Eres una hoja al límite de ser quemada.
Eres un grano de arena entre el pasto que crece y el pasto que muere.
Eres un re menor entre puros soles, la y mi.
Eres epítetos alegres y decorosos entre las líneas del más difamador aviso.
Eres nada.
Igual que yo.
Pero distintos.
No existe concepción para definir qué es eso.
No encuentro razones para estar mal.
Ojala el hombre que alguna ves me susurró al oído que todo cambia y nada permanece, estuviera aquí. Escribiera junto a mí y me dijera que es lo que especula. Qué es lo que quiere demostrar.
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