Iba por mi cuarto cigarrillo.
Rápidamente lo saqué de la cajetilla, la cerré, la guardé en el bolsillo izquierdo de la chaqueta y él se apresuró – casi por inercia – a regalarme un poco del gas de su encendedor.
Y así comenzó mi noche, en una mesa bastante pequeña, con unos asientos bastante cómodos, con el vaso –extrañamente- cada vez más lleno, corrieron las horas junto a un tipo que me parecía agradable.
Me permití hacerle algunas preguntas.
23 años, residente en Valparaíso, escritor por naturaleza, ambiguo como cualquier otro, tesista de una carrera rentable en una universidad privada, fumador por excelencia, cinépata como yo misma, se deja el pelo corto de vez en cuando, trabaja en unas bodegas de noche, lee cómics hasta la madrugada, tiene un acento extraño – supongo que vivió en Santiago – toca guitarra – aunque no tiene – tampoco tiene Facebook, pero pasa horas en el computador bajando música. Incluso desde Taringa
Explicó que estaba en el local por qué su pieza es demasiado pequeña, necesitaba libertad.
Él me miraba sin reservas, no me hizo preguntas, supuso que nos conocíamos de antes.
Me permití acercar un poco más nuestros brazos – me encantaba sentirlo cada vez más cerca.
Me tomó por el cuello y entre susurros al oído me hablaba de la canción que sonaba en el Local.
(Si mal no lo recuerdo, era la versión Jazz de Purple Rain )
Me permití cantarle.
Sonrió.
-Echa más por favor, mañana no quiero echarte de menos – me dijo.
Me invadió un no sé qué.
Se permitió mezclar sus falanges entre el frío incontenible de mis dedos.
Pagamos las cervezas, el vodka, el pisco y posteriormente los After Eight.
Salimos, del local sin saber donde íbamos. Sin mirarnos aún detalladamente, me seguía el paso rápido que generalmente invade mis pies – sin mayor explicación a la frase anterior – tambaleante, llegamos a uno de los Cerros aledaños y nos sentamos en una de las piedras del mirador.
-Valparaíso es realmente grande- dije entre nos.
-Esta lleno de, no sé, tiene un narcótico extraño.
-Me hace divagar en sensaciones y vivencias que – seguramente- mañana al amanecer no recuerde, pero no importa.
-¿Cuál es tu nombre?
-Andrés
-Me gusta
-¿Qué es esto?
-Un juego
-¿Estás jugando conmigo?
-Quizás, de eso se trata.
-Tienes razón…si quiero, ¿puedo irme y desistir?
-Adelante.

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