Viejo icono.
Vieja vereda.
Viejo espacio en el tiempo.
Viejo cesto de papeles
cubierto de alambres soldados
unos con otros
oscuros alambres atados a la intemperie
de una memoria frágil de cuya especie no quiero recordar.
Viejo cesto, deformado, solitario, vago de estaciones
en un tiempo recóndito
¿Cuántos escritos te llevaste de mi cuerpo?
Malos, sin duda alguna, malos, pero míos.
¿Cuántas cartas de amor te encontraron para siempre?
Cartas malas ... pero mías.
¿Cuánta vida te llevaste hacia el camino de la ausencia?
Vida mala, de eso no tengo nada que decir.
Vida mala ¿qué más da? Vida mía.
No es por absurda penitencia que estás
en la esquina de una habitación sin nombre.
A veces eres real. Cuando me complace
eres de ensueño, inerte, como todas las cosas
virtual, como las palabras.
Estás en un rincón
es que es así
es mejor
me olvido de todo aquello que encierras y no dejas salir más.
Solo olvido.
Es que es así
Viéndote lleno de mis estúpidas ocurrencias
(y digo estúpidas porque no se fragmentaron en acción
ni en palabras constantes hacia los otros)
malas ocurrencias, por cierto, he de recordarte.
Te veo ahí y me siento menos vacía.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Cuénteme ¿qué le parece?