Pasada las 7 de la tarde, despertamos de la borrachera que había tenido un lugar absorbente durante el
almuerzo.
El olor que salía de la estrafalaria chaqueta de mi compañero a un costado de la mesa era, sin duda, repugnante.A pesar de la sensación, lo vi con inquietud sacar de ella otro porro y fumarlo con indiferencia, aspiramos un poco, me picaron los ojos, sentía mis pies elevados, saboreamos con extensas pausas una y otra vez, hasta que la yema de los dedos de uno de los dos - no lo recuerdo - nos detuvo incidentalmente(ya volveríamos a lo mismo) nos besamos, nos vestimos y salimos.
Tranquilos, todo bien, sin apuros.
Caminamos por uno de los callejones de las cuadras siguientes, la barahúnda era de esperar.
Tambaleamos, reímos un poco, solo un poco, todo nos parecía tan vano.
La gente nos registraba los pasos, no temíamos a nadie, tiró un escupo al suelo, salió incoloro, cochambroso.
Alboroto inmediato.
Llegamos en silencio a las puertas del local, un tipo nos pidió fuego, bajamos las escaleras, nos esperaban los demás del grupo.
Nos complacimos un par de abrazos, divisamos unas estocadas quizás en un tiempo más, quién sabe.
Vi gente conocida, todos igual de patibularios y sin sentido como yo.
-¿A qué hora se supone qué tocamos?
-Ni idea.
...From genesis to revelation
the next generation will be hear me
from genesis to revelation
the next generation will be hear me
And all the crowd comes in day by day
no one stop it in anyway
and all the peacemaker turn war officer
hear what i say...
La música era de esperarse, retumbaba sobre el techo carcomido. El Romo se intentó colar por entre larga fila de fanáticos que gritaba , saltaba e intentaba cantar las letras, estaba convencido que entre tanta efervescencia ese viernes por la noche, las minas eran aún más fáciles que durante el resto de la semana.
Desapareció por un rato, luego nos tocó a nosotros, de a poco subimos arriba de las tablas con unas alfombras viejas, llenas de copete.
Instalamos nuestras huevadas.Sonó el grito impetuoso de uno de los riffs que se despedazaba por entre la guitarra, el Romo troceaba las esperanzas sobre un batería a medias, un bajo más raro que la cresta se dejó escuchar a la izquierda mía, la Rocío se dejaba caer contra un viejo que la había mirado toda la noche, viejo culeado, le gritó mientras absorbía más humo, le rajaban la polera y posaba los labios sobre la boquilla del Saxo lleno huevadas que por ahí encontraba.
Nos dejamos llevar por un ritmo incalculable, extasiado, de seguro la gente que vomitaba en el baño podía sentir las energías que despilfarrábamos. Los minos que tiraban sobre el lavamanos demás que gritaban con nosotros.
Sudábamos bajo el estoico sentimiento de liberación nocturna, nos mirábamos unos a los otros, esa conexión no la tenía nadie más.

Eso!! Libérate, putea, en eso reside el arte.
ResponderEliminarPatibulario :)
¿Invítame a un concierto? Podría tocar el pandero...