23 noviembre 2010, a la(s) 22:13La mujer imposible miraba por su ventana la calle vacía.
Imaginaba que de pronto aparecería el poeta con libros bajo el brazo y su mirada perdida abajo, en el pavimento que no dice nada , tierra dormida, gobierno de pequeñas cosas.
Soñaba con abrazarlo, decirle que todo este tiempo había sido de prueba, una forma de creer en sus poemas , en su vida, en la manera que tiene de beber del vaso.
Tomó el telefono pero de inmediato lo tiró sobre el sofá. No necesitaba llamarlo, o al menos se convenció de eso.
Se sentó frente al espejo y peinó su cabello como una niña aburrida de estar en casa, abrió una lata de cerveza y contempló el teléfono como si éste fuera el poeta.
Marcó los tres primeros números, pero luego tiro el teléfono aún más lejos, sobre la alfombra.
No tenía un gato que pudiese jugar con el teléfono o con ella.
Sólo tenía un espejo.
Un bosque tras el espejo.
Un poeta escondido en el bosque.
UNA BOMBA ES UNA BOMBANo un poema
La mujer imposible miraba por su ventana la calle vacía.
Imaginaba que de pronto aparecería el poeta con libros bajo el brazo y su mirada perdida abajo, en el pavimento que no dice nada , tierra dormida, gobierno de pequeñas cosas.
Soñaba con abrazarlo, decirle que todo este tiempo había sido de prueba, una forma de creer en sus poemas , en su vida, en la manera que tiene de beber del vaso.
Tomó el telefono pero de inmediato lo tiró sobre el sofá. No necesitaba llamarlo, o al menos se convenció de eso.
Se sentó frente al espejo y peinó su cabello como una niña aburrida de estar en casa, abrió una lata de cerveza y contempló el teléfono como si éste fuera el poeta.
Marcó los tres primeros números, pero luego tiro el teléfono aún más lejos, sobre la alfombra.
No tenía un gato que pudiese jugar con el teléfono o con ella.
Sólo tenía un espejo.
Un bosque tras el espejo.
Un poeta escondido en el bosque.
UNA BOMBA ES UNA BOMBA
No un poema
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