Qué maneras tan extrañas de recordar tiene uno.
Tal como ella lo hacía a veces, en la punta del año que agoniza cada tarde.
En la esfera meticulosa que vuelve a gemir tras cada falla.
En las nubes hambrientas y poderosas que desean cumplir su propósito:
Estallar ante todo, dejar gris cada espacio.
Qué maneras tan extrañas de olvidar tiene uno.
Tal como el la borraba en dos piedras, sentado junto a los caracoles, aquellos interminables
espirales de sensación.
En los increíbles momentos de separación cotidiana con el mundo real.
Con un vaso de papel en la mano, con el hígado por el suelo.
Que maneras tan extraña de vivir tiene uno:
Pensar en que llega el invierno, es como decirle NO a la vida entera.

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